domingo, julio 22, 2007

Besos agridulces

Resulta que los besos más dulces pueden ser también los más amargos. Podría caer en el tópico y confesar que odio las despedidas. Es así, aunque supongo que se trata de algo que le sucede a la mayor parte de la gente. Decir adiós resulta siempre difícil, sobre todo cuando uno se despide de una persona a la que ha cedido durante mucho tiempo una estancia en el corazón con vistas a la felicidad compartida. Eso, de verdad, sí que es duro. Resulta que las miradas más sinceras son las que reflejan también los temores más oscuros, las que nos abren las ventanas hacia un abismo de incertidumbre. A veces no basta con un hasta luego. Los labios se tocan levemente, las mentes vuelven a encontrarse en otro tiempo, quizá más feliz, quizá demasiado lejano. Pero un ruido vuelve a rescatar el presente, la distancia. A veces, sólo a veces, merece la pena decir adiós, aunque sea con un beso dulce y con espinas. Resulta que las películas que han conquistado mi corazón han sido aquellas en las que he salido del cine llorando. No te odiaré, porque no sé, porque no quiero, porque ya sabes como soy, para lo bueno y para lo malo. Te idealizaré, aunque no quieras, aunque te parezca peligroso, aunque otros piensen que no lo mereces. Yo sé que sí. Sólo quiero que recuerdes que ese beso, aquel que me distéis, aquel que compartimos, con el que os prometí una butaca de primera en la platea del recuerdo, ha perdido la amargura para regalarme un delicioso poso de felicidad.

Gracias.
Sed felices.

1 Comments:

Blogger Nicolás said...

wow.. será por la etapa en la que me encuentro pero han sido tan certeras stus letras. Saludos.

7:33 p. m.  

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