viernes, mayo 26, 2006

Leonor no me miró


Ayer Leonor no me miró. Estaba como ausente; lejos. Me alegré de verla. Estaba guapa, como es ella, natural. Pero a mí me pareció que estaba preciosa. Cuando la vi allí, en ese contexto, me sorprendió. Parecía otra. "No es mi Leonor", pensé cuando la vi. Pero sí, era ella. La de siempre, la de nunca. Entonces recordé todas esas mañanas en las que me ha acompañado al trabajo. Siempre consigue hacer que me sienta mejor. Esos días en las que la siento cerca son geniales. Me como los problemas. Hay otros días en los que se pone como melancólica. En realidad yo sé que es así. O al menos, le gusta mostrarse así en público. Realmente es mucho más natural que como se mostró ayer. Le gusta lo mismo que a mí: la noche, el humo y los sonidos oscuros. Pero no me miró. Aun así era ella, la de siempre. Lo sé porque estaba con Alejandro. Es un buen tipo. Creo que sabe cómo hacerla reír. Ayer lo consiguió. Yo también me reí varias veces gracias a sus comentarios. Es un tipo gracioso; ocurrente, más bien. Hubiera sido el rey de la noche, de no ser por Leonor, claro, que no me miró. Tengo que reconocer que yo tampoco le miré a ella. Creo que me puse un poco celoso porque la sentía lejos. Vi que sabía estar bien sin mí. Y además les decía a los demás las mismas cosas que siempre me dice a mí. ¿Pero no se daba cuenta de que podía oirla? En fin. Hice lo peor que podía hacer: intentar hacer ver que no me molestaba. Pero me molestaba un poco. Bastante. No es la primera vez que me pasa. Me cuesta disfrutar con la gente que me alegra los días cuando tengo que compartirla con otros, con desconocidos. Entre la oscuridad adiviné también a ver a Óscar. Es un genio. Sé que él si me dedico algún que otro guiño. Es una más que grata compañía para hacer el camino hasta el gimnasio, normalmente duro, tortuoso. La última vez que me acompañó, el lunes, entendí entre líneas que me susurraba que no fuera, que ya pongo suficientes pruebas a mi fuerza de voluntad cada día como para marcarme otra. Es bastante más tímido que Alejandro. Pero sin él nuestras reuniones no serían lo mismo. A Leonor le cae bien. Pero a mí ella no me miro. O eso pensaba yo, porque cuando cierro los ojos y la veo allí, entre tanta gente, recuerdo que hubo un momento en el que conectamos. Aunque no me vio, pienso que se le escaparon un par de guiños que, ahora, cuando lo recuerdo, no tengo dudas de que iban dirigidas a esas mañanas en las que nos encontramos de camino al curro y vamos juntos en mi bici.

No matter how far I go, no matter, I still find myself.

Ayer estuve en el concierto de Marlango. Y también me encontré a mí mismo. Es difícil escapar de uno, sobre todo cuando uno no quiere.

6 Comments:

Blogger Holden said...

Me ha gustado tu primera entrada, aunque sea de literatura barata como tú dices, porque contiene referencias conocidas que evocan buenos recuerdos.
Estoy viendo tu bici (con sillín y sin sillín ;) y también a ti. A ti te imagino haciendo cualquier cosa (por ejemplo ir a un concierto de Marlango) mientras se te pasan por la cabeza tantas cosas y sensaciones (un mundo entero), de las que nadie se da cuenta, porque van tan rápido que tus labios no les da tiempo a moldearlas.
Ya que no las vas a decir, no dejes de escribirlas, por favor.
Un beso

9:54 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

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3:47 p. m.  

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